Supongamos que cada noche, cuadrar el cuaderno contra la caja toma 40 minutos. En un mes son 26 × 40 = 1 040 minutos, unas 17 horas: dos jornadas completas del dueño sumando columnas. Si esa hora la valoras en S/15, el cuadre cuesta S/260 al mes, aunque nadie lo pague con billetes.
Supongamos también que cada día se escapan dos consumos sin anotar —una gaseosa en la mesa del fondo, un postre que salió como cortesía—, a S/8 cada uno. Son S/16 al día y S/416 al mes. Sumado, el cuaderno de este local imaginario cuesta unos S/676 al mes. El Plan Carta cuesta S/79.
No sabemos cuánto se te escapa a ti, y con un cuaderno nadie puede saberlo: ese es justamente el problema. Un sistema no hace honesto a nadie, pero deja el rastro de cada venta, cada descuento y cada anulación, y convierte la sospecha en una cifra que se puede revisar.